lunes, 30 de octubre de 2017

Y mientras tanto, en Venezuela…

El pasado 15 de octubre se celebraron elecciones regionales en Venezuela, parecidas a las autonómicas de España. No tuvieron aquí la misma presencia mediática que sí se dio a la consulta que hizo la oposición venezolana para rechazar la Asamblea Nacional Constituyente (ANC en adelante) que había convocado el Presidente Maduro a través de la Constitución como solución al conflicto político, institucional y social que vive el país desde hace meses.

En aquel entonces no se explicó que la consulta de la oposición era inconstitucional, carecía de garantías y no tenía carácter vinculante alguno. Algo parecido al referéndum de independencia que se celebró en Cataluña el día 1 de octubre. Mientras que el catalán fue tildado de “referéndum ilegal”, el venezolano fue considerado “una histórica votación” que demostraba “el músculo de los adversarios del Gobierno de Nicolás Maduro”. El periodista Pascual Serrano analizó las similitudes y diferencias entre ambas consultas en este interesante artículo.

Tampoco explicaron que uno de los presumibles motivos por los que la oposición venezolana trataba de boicotear la ANC era que no habían presentado ningún candidato para que fuera votado y elegido, de manera que no podían participar en los debates de la reforma constitucional. Como no quisieron reconocer esa asamblea, no presentaron candidatos. Quizás pensasen que así frenarían el proceso, pero lo cierto es que siguió adelante y sin ellos, así que montaron su particular consulta en la que aseguraban haber obtenido más de 7 millones de votos a su favor. La prensa española que ha desacreditado con pruebas convincentes la falta de garantías en el referéndum catalán y en el posterior recuento, sí que dio crédito a esta consulta de la oposición venezolana. La ya clásica doble vara de medir del periodismo español.

Pero volviendo a las elecciones regionales del 15 de octubre, no sorprende lo más mínimo que apenas hayan sido mencionadas en los medios, puesto que el chavismo arrasó de forma bastante contundente: ganó 18 de las 23 gobernaciones. Debió ser un duro golpe para todos aquellos que, desde las elecciones legislativas que ganó la oposición en 2015 (haciéndose con la Asamblea Nacional), han venido pronosticando la inevitable caída de Maduro. Tanto es así que prácticamente no han comentado la noticia. El diario El País tildó de “polémica” la victoria chavista porque la oposición aseguraba que los resultados anunciados eran fraudulentos. Tampoco explicaron esta vez que la oposición venezolana lleva casi 20 años sin reconocer los resultados electorales adversos. Sin embargo, cuando ganaron las legislativas de 2015 (probablemente el golpe más duro que se ha llevado el chavismo desde la puesta en marcha del revocatorio a Chávez en 2004) no consideraron que hubiese fraude electoral, y El País y demás medios españoles tampoco lo consideraron un triunfo “polémico”. Cosas del doble rasero.

Por desgracia para El País y el resto de respetables medios, los ojeadores internacionales que auditaron las elecciones avalaron el proceso como unos comicios limpios y transparentes, incluidos los observadores electorales españoles. Para colmo, una semana después la oposición reconoció los resultados con un acta de verificación poselectoral firmada por sus principales líderes. Pero todo esto ha sido obviado por los grandes medios. Detalles sin importancia.

Pareciera que el conflicto de Cataluña ha copado toda la parrilla mediática española y no haya sitio para esta insignificante noticia internacional. Sin embargo, ¿alguien duda de cuál hubiera sido la respuesta de los medios si en las elecciones regionales de Venezuela hubiese ganado la oposición?


No pasa nada. Ya volverán con Venezuela cuando les venga bien. Hasta la próxima.

lunes, 22 de mayo de 2017

Toma sorpasso

Leyendo el editorial de El País del 22 de mayo, se nota que ha escocido la victoria de Pedro Sánchez en las primarias socialistas. Además de concluir que España ha sufrido su “momento populista” con esta victoria y, de paso, meter en el mismo saco a Podemos y Trump como si de Ciudadanos se tratase, el editorial muestra su enorme desprecio a los votantes. Como no les gusta el resultado, dicen que se han impuesto las emociones a la razón. Razón que, por supuesto, tienen los de El País.

Lo de Sánchez es tremendo, la verdad. Difícil de evaluar. El aparato del PSOE, con Susana Díaz a la cabeza, apostó por él hace tres años, temerosos del “izquierdismo” excesivo de Eduardo Madina. Pero la idea era que fuese Secretario General y ya. Un títere manejable y poco ruidoso. Algunos periodistas afirman que Susana dijo: “este chico no vale, pero nos vale”. La sorpresa llegó cuando Pedro mostró sus verdaderas ambiciones anunciando su candidatura a la Presidencia del Gobierno. A partir de aquí, gran parte de los barones territoriales mostraron progresivamente, mediante declaraciones y gestos, su insubordinación a un Secretario General cada día más solo. Es de suponer que las hostias electorales tuvieron bastante que ver pero, por mucho que el editorial de El País insista en que, simplemente, Pedro Sánchez perdió “el apoyo del Comité Federal”, obligándole a dimitir, a nadie se le escapa que tal apoyo perdido estaba estrechamente relacionada con la declaración de Sánchez de intentar un gobierno alternativo. Pese al discurso oficial de todos, el hecho es que el cerco a Sánchez y su dimisión terminaron con la abstención del PSOE para que gobernase el PP con toda su podredumbre, que ahora le estalla en la cara no solo a Rajoy y compañía, sino a la Gestora socialista y a todos los que se rieron de los españoles afirmando que era un gesto de responsabilidad. Hasta siempre, Hernando.

Bueno pues el defenestrado Sánchez, en plan cansino, dijo que se presentaba a las primarias otra vez. Uno no sabe si hay verdad en su cambio de discurso, si esa redención del buen socialista que vuelve a sus orígenes para regenerar el partido es una experiencia vital casi mística o si es pura estrategia de supervivencia política. En ambos casos es legítima, por supuesto, pero la credibilidad varía. Lo cierto es que Susana Díaz, junto a Felipe y ZP, Rubalcaba y Bono, la Gestora y los medios (y junto a Eduardo Madina, por cierto, que se recicla mejor que las pilas), se ha comido con torreznos la realidad. Los militantes socialistas, que gritaban “Susanista el que no bote” en la celebración de Sánchez, no olvidan la traición, una más, de la cúpula de su partido, tan alejada ya de la calle que pareciera que no han salido de Ferraz en décadas.

Será interesante ver qué relato nos cuentan ahora Sánchez y el PSOE. ¿Seguirán insistiendo en que Podemos no les dejó gobernar después de que Pedro Sánchez dijera en Salvados que recibió presiones para que no se acercase al partido morado? Lo crean o no, Sánchez, después de esa entrevista, ha vuelto con la misma matraca en las primarias. Surrealista. También molaría ver si explican que el acuerdo con C’s se cerró mientras hacían el paripé en una reunión con Podemos y sus aliados. Vamos, que intención de buscar un gobierno progresista no tuvieron nunca, por mucho que viajase a Portugal a amagar con la confluencia de izquierdas. También habrá que preguntarse si apoyarían una moción de censura a Rajoy, si verdaderamente el “no es no” o “sí es sí”, que ya no sé cuál vale, es sincero en esta segunda etapa o si, como todo hasta ahora, es puro marketing.

Reconozco que la cara de circunstancias de Susana Díaz me alegró la noche del domingo. No soy perfecto. Pero si en algo estoy de acuerdo con el editorial de El País, es en que el PSOE no ha salido, pese a la contundente victoria de Sánchez, del agujero. No lo tiene nada fácil dentro del partido. Podría haber un rebrote de apoyo social, algo que daría margen a Sánchez frente a los barones, pero tampoco extrañaría que estuviesen conspirando desde ya para mandarlo a casa otra vez.

Quizás deban plantearse que el resurgir del partido ya no tiene que ver con la recuperación electoral, sino con las alianzas que sean capaces de tejer. Pero es solo la opinión de alguien que no les votará.

viernes, 5 de mayo de 2017

“O eres perfecto o te callas”

El que no hace nada le exige al que hace algo que lo haga todo. ¿Con qué autoridad moral? ¿Con qué cara? Que nadie es perfecto ya lo sabemos, ¿por qué solo se culpa de ello, de no ser perfecto, al que, pese a todo, muestra algo de conciencia? Y de manos de quien no tiene la más mínima preocupación por hacer este mundo un poquito mejor, dentro de sus posibilidades, dentro de su voluntad. Pero no, lo que hacen es exigir a los demás lo que ni en sueños se exigirían a sí mismos. Hipócritas y cínicos sabedores de que nadie aguanta una lupa, un examen minucioso de su ejemplaridad ética y moral. A quien plantea la necesidad de acabar con alguna injusticia, se le exige una conducta más allá de la perfección, absolutamente irreprochable, solo porque dijo que no estaba bien que hubiese pobres en un país rico, o que consumiésemos más de lo que realmente necesitábamos, o que comprásemos productos fabricados con el sudor esclavo de algún niño sin presente. A ese osado que se atrevió a levantar la voz, se le exige “ejemplaridad minuciosa”, o si no, el silencio.

Eso es lo que hay detrás de este discurso, eso es lo que esconde en el fondo semejante exigencia: que te calles. Bajo la cantinela de “la coherencia”, se busca que nadie vuelva a sacar las vergüenzas a la palestra, que nadie incomode con lo que todos sabemos. <<Farsante, demagogo, hipócrita, populista… O eres perfecto o te callas>>. Quienes no sufren un ápice de desvelo por los excesos de nuestro sistema, tampoco tienen escrúpulos para insultar y acallar a quienes lo denuncian. No quieren hacer nada y tampoco quieren que los incordien.

Es difícil enfrentarse al sistema desde el sistema. Es duro porque todos somos esclavos de sus necesidades inventadas, sus valores impuestos y sus rutinas innecesarias. Que seamos consumistas forma parte de la lógica neoliberal, y quien toma conciencia de la necesidad de comedir esos excesos, seguramente tendrá que enfrentarse a una inercia de años comportándose de forma reprochable dentro de sus nuevos valores. Es preso de su pasado porque el resto no está dispuesto a perdonarle su impertinencia. Pero lo cierto es que no se cambia todo en un día, salvo que te vayas a la selva a vivir con los lobos, que es lo que seguramente querrían que hicieses aquellos que te insultan por decir la verdad. Y si los lobos te comen, mejor.

Que alguien denuncie la explotación en la industria textil y lleve una camisa de Zara, no le convierte, automáticamente, en un hipócrita demagogo. Es, sencillamente, consecuencia del sistema, y que tome conciencia de algo no implica, sobre la marcha, que se convierta en la Virtud personificada. Debe seguir mejorando. Todos debemos mejorar. Sin reproches, sin culparnos. Pero menos aun quien no tiene intención alguna de hacerlo.

No se puede obligar a nadie a cambiar su comportamiento, a modificar sus costumbres. Pero menos podrá esa persona exigir nada a los demás o, lo que es lo mismo, imponerles el silencio.

Insúltame si quieres, intenta desacreditarme con tu desprecio, con tu demagogia.


Yo no me callaré.