viernes, 7 de abril de 2017

Golpismo permanente

A menudo defiendo que Venezuela es una democracia frente a quienes una y otra vez, en televisiones y periódicos, en tabernas e instituciones públicas, repiten que es una dictadura. Hoy quiero introducir algún matiz.

Para que una democracia funcione, el conjunto de la sociedad debe respetar la Constitución que dota de derechos y obligaciones a todos, que garantiza libertades y establece normas de convivencia. Si hay sectores que no respetan estos mínimos elementales, es difícil afirmar que tal democracia es plena y sólida. Expongamos algunos hechos que no leeremos en la prensa hegemónica ni en la occidental en general:

1.Los servicios de inteligencia venezolanos han desarticulado diversos intentos de golpe de Estado en Venezuela desde 2002, año en el que apartaron del poder a Hugo Chávez hasta que se desmontó el golpe y el presidente electo fue restituido. Tras esta intentona, la Revolución Bolivariana ha sufrido diversas acciones de desestabilización a través del sabotaje eléctrico, de parones petroleros o, más recientemente, del desabastecimiento periódico que genere escasez en puntos concretos del país. Todas ellas acciones destinadas a colapsar la economía nacional que, en última instancia, afecta a los ciudadanos, generando un malestar social cada vez mayor. ¿Con qué objetivo? Justificar un golpe o una intervención extranjera. Este estado permanente de golpismo imposibilita, por mucha buena voluntad que se ponga, el desarrollo normalizado de la democracia en un Estado de Derecho.

2.El golpismo continuado no es sino el intento de la derecha y ultraderecha venezolana de tumbar el proceso político que inició en 1998 una revolución económica, política, social y cultural en el país con el objetivo de superar el capitalismo. Si este camino marcado por la Revolución Bolivariana es bueno o malo, es un debate fantástico, pero el caso es que nos guste más o menos, es el camino que mayoritariamente han elegido los venezolanos acudiendo a las urnas durante ya casi 20 años. El golpismo permanente no evidencia más que la naturaleza antidemocrática de la derecha venezolana en connivencia con las acciones desestabilizadoras de EEUU en la región y con los medios de persuasión internacionales, que exportan la ideología neoliberal y contribuyen –y de qué manera– a legitimar las continuas agresiones e injerencias que sufre Venezuela.

3.El golpismo latinoamericano no es hoy igual que en los 60 y 70, por razones obvias: los golpes militares ya no se pueden justificar así como así, siendo éste un mundo globalizado en el que, pese a la hegemonía neoliberal, hay voces dispuestas a denunciar tales actos. Y también porque los movimientos postneoliberales que han poblado la región desde la llegada de Hugo Chávez, han construido unos cimientos sociales tan resistentes que han tornado imposibles los golpes militares a la vieja usanza, como se demostró con los fracasados intentos con Chávez, con Evo Morales en Bolivia o con Rafael Correa en Ecuador.

4.Esto ha hecho que los planes golpistas de las fuerzas neoliberales en América Latina sean, cada vez, más sofisticados y complejos. La opción militar es la última, antes se buscan otras vías que permitan sacar del poder a los gobiernos progresistas sin pasar por las urnas. El caso más reciente es el de Dilma Rousseff en Brasil, pero antes fue el derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras o el de Fernando Lugo en Paraguay, donde hoy, por cierto, el partido gobernante, heredero de la dictadura de Alfredo Stroessner, ha convertido el país en todo menos en un Estado de Derecho, sin que despierte la indignación de nuestros “demócratas” y “defensores de los Derechos Humanos”. Estos “golpes blandos” desarrollan varias fases de desestabilización económica, mediática y diplomática, estableciendo conexiones extranjeras en busca de apoyos.

5.¿Hay pruebas de esto? Pues ya que hablamos de Venezuela, pongamos el ejemplo más reciente: en estos días, Telesur, ese malvado canal chavista, ha publicado las grabaciones de un agente infiltrado en las células de la ultraderecha que tiene todo un plan golpista para desarrollar entre marzo y abril, como parte de una fase más duradera que lleva en marcha tres años. Una de las conversaciones la mantiene con Eduardo Vetancour, ex miembro de la DISIP (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención) y asesor de Roberto Henríquez, dirigente de Copei, que dijo, entre otras cosas, lo siguiente:

Eduardo Vetancour (EV): “Estaba el presidente de Copei, estamos en línea con Mitzy [esposa de Antonio Ledezma, opositor en arresto domiciliario], estamos en línea con Corina [opositora venezolana]…”.

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Agente encubierto (Ag): “Lo que tú me estás planteando es una cuestión que no es cualquier cosa… Esto es, como usted lo dice… esto es quitar un gobierno por la fuerza”.

            EV: “Porque no hay otra alternativa. Todo lo demás es cuento”
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EV: “La cuestión de John Kelly [general del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos]… hace 2 ó 3 años, cuando era jefe del Comando Sur montó esos planes para la intervención en Venezuela, o cuando empezaron a caer los precios del petróleo”.

Ag: “¿Todo eso está articulado?”.

EV: “Eso tiene 3 años articulado […]. Esa situación se va a presentar”.

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EV: “Habíamos hablado del financiamiento de 98 hombres, que yo los había negociado a un 20% por adelantado”.

Ag: “¿Pero tenían los recursos ustedes para pagar?”

EV: “Para 98 hombres. Dos millones de bolívares por hombre”.

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EV: “Esta situación se va a dar en los próximos 30 a 60 días”.

Ag: “¿Ustedes tienen eso cuadrado con el Departamento de Estado? ¿Marcos Rubio [senador por el Estado de California]?”.

EV: “Esperan que sea la acción de parte nuestra. Ellos necesitan la acción de parte nuestra”.

Otra conversación, esta vez con un coronel retirado de las Fuerzas Armadas:

Coronel (C): “No es un plan jalado por los cabellos. Ya lo hemos ensayado por parte. ¿Cuál es la única debilidad que yo le veo al plan? La parte política. Las agallas de los políticos […]. Y si María Corina no va a esta vaina… se los dije a ellos: ella tiene más bola que los otros que son hombres, porque no saben hacer un coño. Y con ella me arriesgo. Tengo policías […], son 88 policías, pero nuestro tope debe de llegar a 120 más. ¿Por qué? Para completar 200. Porque debe haber un grupo detrás de la marcha de María Corina para que vayan saqueando. Queremos hacer ver ante la opinión pública nacional e internacional que el pueblo tiene hambre”.

Las grabaciones están disponibles para quien quiera escucharlas enteras, no tienen desperdicio. Por supuesto, son audios que tendrán que ser demostrados, pero ahí están. Quienes acusan al gobierno bolivariano de inventar enemigos externos y conspiraciones, tendría que consultar las múltiples pruebas de las acciones desestabilizadoras que sufre continuamente la Revolución. Todos los errores que ha cometido y que sigue cometiendo el chavismo son, muchas veces, responsabilidad propia, pero a menudo provocados por las agresiones continuas, por los atentados contra la legalidad y el Estado de Derecho. Ponen palos en las ruedas y, cuando te caes, exclaman: <<¡te lo dije!>>. Luego hay un disturbio con heridos o muertos (algo terrible, por si no quedaba claro) y se acusa de represión al régimen pero, ¿esos que acusan han visto las imágenes de los supuestos “manifestantes pacíficos”? ¿Cómo toman un rumbo distinto al anunciado para encontrarse con las manifestaciones chavistas que, simultáneamente, están apoyando al gobierno? ¿Cómo confrontan con la policía, les agreden y les quitan las armas? ¿Han visto las imágenes de los oficiales de policía llamando a sus hombres a la calma para no caer en la provocación? ¿Quién agrede a quién? ¿Quién reprime? ¿Quién usa la violencia para obtener rédito político?

Cuando apareció Telesur, las fuerzas neoliberales pusieron el grito en el cielo hablando del <<nuevo artefacto de propaganda del chavismo>>, como si la prensa occidental no hiciese propaganda contra la Revolución. Como si la guerra ideológica no se librase también en los medios.

Bueno, pues aun con su evidente sesgo ideológico, gracias a medios como Telesur, alternativos al relato neoliberal, quien quiera tener una visión más completa de la realidad puede enterarse de hechos como los que he tratado de exponer aquí. Quien defiende a la oposición venezolana, debe saber que defiende a los representantes y miembros de una oligarquía conservadora y antidemocrática, que tras perder sus privilegios en beneficio de las mayorías, decidieron declarar la guerra a un proceso político que ha mejorado incuestionablemente las condiciones generales de vida de la sociedad venezolana. Nada me gustaría más que criticar las ideas de la oposición venezolana, pero sus actos dejan a un lado sus ideas, o más bien las definen. Son ellos quienes no quieren confrontar ideas y dialogar. Su falta de respeto hacia el orden constitucional sería reprobada en cualquier país occidental, pero cuando se trata de los enemigos del chavismo, todo vale.

Así que lo dicho: Venezuela es una democracia, pero acosada. Una democracia en alerta permanente, amenazada de forma continua por una campaña golpista de desgaste.
En estas condiciones, lo milagroso es que aún no haya sufrido una deriva autoritaria para resistir los envites (que sería la mayor tragedia de todas, pues ya no habría defensa posible, como pasó con el terrorismo de Estado en España).


Estos “defensores de los DDHH”, azuzando el avispero parecen querer avocar a Venezuela a una guerra civil. Veremos por cuanto tiempo pero, por ahora, la democracia se ha impuesto y, después de 20 años, ahí sigue. En pie.

domingo, 2 de abril de 2017

Venezuela en contexto

Venezuela siempre ha sido una anomalía en la región latinoamericana. Cuando el dictador Marcos Pérez Jiménez fue derrocado en 1958, se instauró una democracia formal a la europea, liberal y bipartidista. Durante las décadas de los 70 y 80, mientras la Operación Cóndor plagaba de dictadores América Latina, Venezuela era vista por el mundo occidental como el país que se había librado de las dictaduras militares, el país de la abundancia y la prosperidad, de las grandes infraestructuras y el libre mercado. La <<Venezuela saudita>>, así era conocida. El petróleo emanaba como el agua del grifo sin que nadie lo cerrase. Eso sí, la pobreza no dejó de crecer.

Cuando un militar da un golpe de Estado en América Latina, detrás suele estar la CIA o, por lo menos, el beneplácito de EEUU. Esto está más que documentado, quien no quiera creerlo es por irrespeto a la verdad: Guatemala en el 54, Brasil en el 64, Bolivia en el 71, Chile en el 73, Argentina en el 76… por poner algunos ejemplos. Sin embargo, Venezuela era, nuevamente, una anomalía: el intento de golpe del 92 lo hacía un militar, pero EEUU no estaba detrás. Un joven comandante Chávez, tras el fracaso del golpe, se dirigía a las cámaras y asumía toda la responsabilidad ante el país.

Cuando los antichavistas mínimamente informados recuerdan este suceso a quienes hablan del golpe truncado a Chávez en el 2002, argumentando que <<Chávez también intentó un golpe>>, ignoran u omiten el contexto: en el 89, tras la revuelta de un pueblo hambriento que se negaba a soportar el nuevo paquete de medidas del FMI anunciado por el presidente Carlos Andrés Pérez, el Ejército reprimió sangrientamente las protestas por orden de su gobierno. A día de hoy no se sabe cuánta gente murió en lo que se ha llamado ‘el Caracazo’. Dos años después, un grupo de militares dirigidos por Chávez trataba de derrocar a ese gobierno asesino, y fracasaba. Chávez terminó en la cárcel, pero el pueblo venezolano lo vio como el hombre que había luchado por ellos. Prueba de esto es que dos años después fue indultado ante la presión social, y en las elecciones de 1998, Hugo Chávez se presentó y arrasó. Por su parte, el golpe que intentaron dar a Chávez en el 2002, fue organizado por una cúpula militar al servicio de la burguesía empresarial –de hecho, colocaron de jefe de Estado a Pedro Carmona, presidente de la patronal– y financiado por agencias de EEUU como la USAID. Y en este caso, el pueblo salió a la calle a defender la democracia y exigir que devolviesen al Palacio de Miraflores a su presidente legítimo y electo.

La Revolución Bolivariana es también, como revolución, una anomalía en la región. En el Siglo XX ha habido cuatro grandes revoluciones en América Latina: la mexicana de 1910, la boliviana de 1952, la cubana de 1959 y la nicaragüense de 1978.  Las cuatro eran revoluciones armadas, y tres de ellas fueron derrotadas. En Venezuela hay un proceso de revolución integral, es decir, social, cultural, económica y política. Pero es democrática. Así lo han avalado una y otra vez la multitud de ojeadores internacionales que han ido a Venezuela a auditar los procesos electorales, algo bastante saludable y que en España no dejamos que suceda. Nadie vigila nuestro proceso electoral. En Venezuela, tanto CEPAL como Unasur, la OEA o el Centro Carter han convenido siempre que las elecciones en Venezuela son limpias y transparentes (no como antes de Chávez, por cierto, cuando el turnismo amañado de AD, COPEI y URD rozaba lo grotesco haciendo que hasta los muertos votasen). El caso es que, pese a las evidencias, tanto la prensa venezolana –mayoritariamente privada y antichavista– como la internacional, incluida la española, se empeñan en afirmar sin citar las fuentes, dar pruebas o dotar al ciudadano de contexto, que Venezuela es una dictadura. Para justificar sus calumnias, ponen ejemplos como el de los presos políticos o, últimamente, la falta de independencia judicial.

Sobre los <<presos políticos>> he hablado antes y ya cansa. Lo único que añadiré es que, en todo caso, lo que hay en Venezuela son políticos presos, ya sea por corrupción, por golpismo o por incitación a la violencia. Corruptos presos tienen tanto de la bancada antichavista como de la chavista, porque francamente la corrupción ha sido un lastre penoso de la Revolución. En cuanto a los presos golpistas, obviamente son de la oposición, que son los que han tratado de sacar del poder a Chávez y Maduro de todas las formas posibles, ya que democráticamente no son capaces. Las últimas elecciones, las legislativas de diciembre, sí que las ganaron, y todavía estoy esperando a los lumbreras de turno explicar cómo en una terrible dictadura como la venezolana, la oposición perseguida puede ganar elecciones. Es, cuanto menos, curioso.

El caso es que en esas elecciones se demostró que en el estado de Amazonas se habían comprado votos, de manera que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) invalidó a los tres diputados opositores de esa región. Aun así, el presidente electo de la Asamblea Nacional (AN), el opositor Henry Ramos Allup, permitió que jurasen el cargo, desacatando la sentencia del TSJ y quedando fuera de la ley. Eso hizo que en enero, como era de esperar, el TSJ declarase a la AN “en desacato”, quedando invalidada su actuación hasta que rectificase el asunto de los tres diputados opositores.

En un ejercicio de chapucería de la buena, la oposición cambió al presidente de la asamblea y luego, con el nuevo presidente, retiraron a los tres diputados. Pero es que este procedimiento no vale, porque una AN invalidada no puede cambiar a su presidente. Son pasos nulos. Lo que debían hacer era retirar a los tres diputados para salir del desacato, y luego si quieren poner al Pato Donald de presidente de la AN, perfecto. Pero las chapuzas constantes de la oposición impiden que las cosas se desarrollen con normalidad en las instituciones venezolanas, y ya huele demasiado, porque no es posible ser tan torpe. No es descabellado pensar que la MUD (Mesa de Unidad Democrática, la coalición de derechas venezolana) no pretende sino bloquear la situación política, en tanto que el desacato de la AN genera un conflicto en la relación entre el poder legislativo y el ejecutivo, imprescindible para llevar a cabo las medidas necesarias para salir de la crisis que ellos mismos han generado con la guerra económica. Pero en vez de colaborar desde el espacio de poder que han alcanzado, se dedican a chillar que Maduro les ha quitado ese poder.

El último numerito ha sido frenar la posibilidad de que la inversión extranjera impulse la industria petrolera. Ha sido entonces cuando el TSJ, en su papel de hacer prevalecer el estado de Derecho y el interés nacional, ha entendido que la AN está actuando en contra de los intereses del país, y ha decretado dos sentencias bastante polémicas que anulaban las competencias de la AN, acabando también con la inmunidad de sus diputados, y asumía dichas competencias hasta que la AN saliera del desacato y entrase en la constitucionalidad nuevamente. 48 horas después y, tras una reunión de urgencia de Maduro y su ejecutiva, el TSJ ha rectificado esta medida, poniendo en evidencia la falta de independencia del poder judicial y la enorme tensión política y social que vive el país.

Si me pregunta n a mí, creo que la sentencia inicial del TSJ era más que legítima. Quizás me equivoque, pero la derecha venezolana lleva 20 años demostrando su rejo golpista y antidemocrático, y su absoluta falta de escrúpulos a la hora de poner el país patas arriba con tal de volver al poder, sea como sea. Me parece bien que una institución al margen de la legalidad sea anulada –que no disuelta– hasta que rectifique su rumbo. En cualquier caso, que la sentencia haya sido retirada solo demuestra lo compleja que es la situación. Y que desde España se denuncie la falta de independencia del TSJ en otros países, es de chiste.

Mientras tanto, aquí tratan este tema como “autogolpe de Estado”, una cosa algo rocambolesca para decir que Maduro le quita el poder a la AN, sin contar que el propio Maduro instó al TSJ a retirar la sentencia y sin contar todo lo que hemos intentado contar aquí para contextualizar los acontecimientos. La única intención de nuestros medios y políticos es poner el grito en el cielo con cada acontecimiento que suceda en Venezuela, sesgando la realidad todo lo que les interese, y de paso arrojarla sobre Podemos. Es tan evidente que daría la risa si no fuera porque en buena parte de la sociedad, funciona.

Esta panda de cínicos e hipócritas no han abierto la boca para hablar de cómo en Paraguay, también este fin de semana, la policía ha entrado en la sede del principal partido de oposición y ha matado a un militante. Exactamente este mismo fin de semana. ¿Qué pasaría si esto sucediese en Venezuela? Ya veo a Rivera o Hernando diciendo que mandemos a la OTAN.

Quien diga que Venezuela es un paraíso, miente. Quien diga que es el infierno, miente también. Quien, desde España, y precisamente esta semana, pretenda dar lecciones de democracia y libertad de expresión a Venezuela, que se lo haga mirar, porque allí no encierran a tuiteros.


Basta ya de propaganda y de simplezas, que la gente no es tonta. Y a quienes compran el discurso antichavista, por lo menos pedirles algo más de rigor y espíritu crítico. Del gobierno bolivariano hay mucho que criticar, pero llamarlo dictadura es faltar a la verdad.

martes, 14 de febrero de 2017

El Amor incompleto

<<Colocó el anillo en su dedo anular, símbolo de la alianza que allí se certificaba, una alianza basada en el amor y, de paso, en los deberes y compromisos adquiridos tras el sello ante deidades y notarios morales. Respeto, compromiso y fidelidad, hasta que la muerte los separe>>.

La vida no es un guion, pero nos la escriben. Desde pequeñitos, nos orientan pensando en nuestro bien, nos dirigen hacia un camino que más o menos es aceptado por todos, y que pocas veces nos planteamos.

Así, a cada rato hacemos “lo que toca”. Hacer los deberes, sacar el Bachillerato, estudiar una carrera, buscar un trabajo… y en lo social, toca salir de fiesta, conocer gente, tener una relación, formalizar esa relación, irse a vivir juntos, casarse, comprar una casa, formar una familia… el orden varía un poco, pero los capítulos son invariables.

No ocurre siempre, pero hay algún tipo de acuerdo social que acepta esta historia escrita. Pasa también con el Amor. Si no fuera la boda, otro evento habría copado sus aspiraciones vitales, ya fuera construir un hogar juntos, formar una familia o, simplemente, oficializar esa relación, haciéndola homologable a los estándares sociales aprendidos y aprehendidos desde pequeños, y siempre con una cámara cerca, aparato que usamos para inmortalizar recuerdos cuando solo captura imágenes. Todo tiene que ver con el Amor pero, ¿acaso estos eventos lo definen? ¿Define al Amor una serie de comportamientos que se hacen por sentimientos culturalmente condicionados –es decir, sin plena libertad– o porque toca? ¿Qué ocurriría con una pareja ilusionada a la que se le dice que no se irán a vivir juntos ni tendrán hijos? ¿Durarían? Cada dos por tres, hay que dar nuevos pasos “hacia adelante”, como si, de lo contrario, algo caducase. Parece que si tenemos la certeza de que las expectativas que hemos imaginado no se van a cumplir, entonces lo que hay, lo presente, no sirve. Por tanto, quizás, todo lo que acontece en este guion ya escrito, responde a una idea del Amor basada en los eventos que rodean la relación afectiva y que expresan una metáfora de lo que se supone que sentimos. Pero, ¿y el Amor en sí mismo? ¿No se sostiene sin estos condicionantes?

La pareja del principio, ¿habrá tomado en consideración estas cuestiones cuando fueron a vivir juntos, cuando formaron una familia o cuando, desde el altar, debían responder a la gran pregunta? ¿Se plantearon realmente si daban esos pasos solo porque así lo deseaban o porque “tocaba”? La intuición nos dice que no, que simplemente respondieron: <<sí quiero>>.

Definir el Amor no es fácil, la gente no suele coincidir en las palabras escogidas para explicarlo. Es más sencillo, en nuestra cultura, explicar una relación afectiva, puesto que consiste simplemente en enumerar sus características, concretamente una serie de derechos y obligaciones. Derechos sobre la otra persona y obligaciones con esa persona. Una relación supone, como todo en esta vida privatizada, una responsabilidad.

Seguramente, esta idea viene de muy lejos, desde el momento en que se articula la sociedad en unidades familiares. Esa decisión marca un patrón cultural y normaliza un modelo de relación afectiva, que ya la religión, en su papel de guía moral, ha conducido a lo largo del tiempo. Esto, a su vez, ha hecho ramificar ciertas ideas totalmente alejadas del asunto de fondo, y asumimos que hay condiciones, que hay obligaciones y que hay derechos. Sin darnos cuenta, una relación no hace más que quitarnos libertad.

Hay algo que ese modelo ignora. El Amor, como la vida, tiene varias dimensiones. Hay una dimensión que es importante (básicamente porque es nuestro plano de existencia más evidente), que es la física. Pero hay otra dimensión no material, y que se acerca más a la esencia del Amor, que tiene que ver con el Ser y el Individuo. Reconocer al Individuo significa asumir que es único y extraordinario, con un universo interno que experimenta su propio desarrollo. Y el Amor es, sencillamente, tomar conciencia de la existencia de ese individuo. Amarlo por el milagro de su existencia, por su capacidad de desarrollarse emocional, psicológica e intelectualmente. Amar el crecimiento que la existencia le permite experimentar.

Este razonamiento deja poco espacio a los límites, porque cada ser humano de este mundo es un individuo y, por tanto, el amor se expande a todos ellos. Amar al Individuo es amar a todos los seres. Todo lo que tenga que ver con intimar o con construir una vida junto a otra persona, responde a detalles como la complicidad, la afinidad y el placer mutuo, elementos todos ellos de la dimensión física del Amor. ¿Es importante? Por supuesto. El problema, el gran problema del modelo afectivo impuesto (y su pequeña variedad de matices), es que reduce el Amor a su dimensión física.

¿Qué implica esto? ¿Qué implica construir una relación asumiendo únicamente la dimensión física del Amor? Pues lo que vemos con tanta frecuencia: rupturas, dolor, soledad. Que todo gire en torno a lo físico (y no hablamos solo de sexo), implica que la expresión del amor debe ser física también: un abrazo, darse la mano, compartir una cantidad de tiempo proporcional a la categoría de esa relación (lo que se estipula como lógico es, por ejemplo, que pases más tiempo con tu pareja que con tus amigos), que físicamente se encuentren en el mismo espacio (las relaciones a distancia no suelen funcionar), etc. Todo, absolutamente todo lo que gira alrededor de una relación, requiere de pruebas físicas para reafirmarse, incluyendo –por la Era de difusión tecnológica que vivimos– una sobredimensionada cuenta pública, es decir, oficializar esa relación no solo en las relaciones sociales de cada uno, sino en las redes sociales, modificando los perfiles de internet, publicando fotos y dedicándose públicamente palabras que expresan ese amor.

A pesar de que, aparentemente, reducir las dimensiones haría todo más fácil, sucede lo contrario: quedarse solo con la física, complica las relaciones. Nos lleva a establecer normas, a esquematizar el modelo de relación para que no sea tan complejo. Es cuando vienen las obligaciones y derechos, que también giran en torno a lo físico. ¿Qué es la fidelidad sino la exclusividad sexual? Nada tiene que ver con la lealtad, la generosidad o el amor incondicional. La fidelidad es la consumación de algo terrible: un ser humano tiene derechos sobre el cuerpo de otro ser humano. Es puro egoísmo, pura inseguridad. ¿Debido a que el otro lo permite? Sí y no. En general, podemos entender que lo permite, puesto que ambos están juntos porque quieren. Pero desde el momento en que la fidelidad se convierte en condición para estar juntos, se trata de una obligación. Estamos obligados a ser fieles (es decir, a reservar nuestro cuerpo para la otra persona) si queremos estar con la persona que queremos. La reducción del Amor a su dimensión física convierte en asunto principal algo tan primitivo y banal como el sexo. Y puesto que la prohibición va contra el alma humana, esto siempre genera conflicto. De la misma manera, solo esta reducción a lo físico hace casi imposible sostener relaciones a distancia, porque esta única dimensión no permite amar sin tener. Si no te tengo cerca, no puedo amarte. Sin contacto, no hay amor.

Estas carencias han generado la necesidad de buscar alternativas, nuevos modelos como el Poliamor, que busca gestionar la afectividad y las relaciones amorosas con más libertad. Aun así, encuentra dentro varios modelos que articulan relaciones con más o menos límites. Es decir que, al final, parece que también define límites, y generalmente tienen que ver con lo físico (poliamor jerárquico, polifidelidad, amor libre…). De alguna manera, sigue reduciendo el Amor a su dimensión física. Liberar la relación de las cadenas de la fidelidad sin más, no debería ser el camino, porque solo busca una salida para las pulsiones físicas que tenemos como seres reproductores. Hasta que no asumamos que, en realidad, el Amor trasciende, y cuya dimensión física o material existe solo porque existimos física y materialmente, no desarrollaremos de forma sana y natural el amor hacia todos los seres. Poder amar a cada ser humano por lo que es, por nuestra capacidad de ver la bondad en él, anula las exclusividades, los compromisos y las imposiciones. A partir de aquí, la afinidad y complicidad mutuas dictaminarán con quién o quiénes nos arrejuntamos, pero eso es, siempre, secundario.

No es que el Amor sea libre, es que sin libertad (incluso intelectual) no puede haber Amor.

Amémonos, hermanas. Sin condiciones.